LA BIBLIO DE MI ESCUELA
Este espacio está diseñado para que toda la comunidad escolar conozca más sobre las actividades y proyectos que se desarrollan y coordinan durante el año.
martes, 13 de octubre de 2015
LEER ES MÁGICO. LECTURA 2.0
En la entrada anterior escuchábamos a Ludmila y Ainara. Más adelante se vienen más!!!
sábado, 30 de mayo de 2015
Nos visitó rayo de luna y Enrique el niño come libros
La visita de Rayo de Luna una oruguita que les cuenta a los lectores el cuidado de los libros.
Y además un clásico entre los alumnos de la Escuela Primaria N° 1, "Enrique, el niño come libros"
domingo, 30 de octubre de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
Sorteo dia del libro

Dia del libro- actividades
Los alummnos de 3ro. B ilustaron una hermosa poesía de Silvia Zurdo y 3ro. A inventó cuentos de brujas, piratas y gigantes a partir de imágenes.
5to. A realizó hermosos señaladores que repartieron en la escuela.
Y como regalo la Biblioteca y los alumnos de 6to. B realizaron una obra de títeres para deleite de todos los alumnos de la escuela, llamada "Las tres Caperucitas".
Además se realizó el 2do.Concurso de Dibujo, que este año consistió en crear una mascota y una frase para identificar a la biblioteca.
| Cool Slideshows |
Escara y Pela
Una excelente obra que recrea con gran humor a French y Berutti en una tienda comprando cintas para hacer escarapelas...
Una yapa:
Otros libros de su autoría y que presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires en 2010, fueron: Argentina Bicentenario, Vampíricas vacaciones, Los cuentos verdes de Anastacio Batracio y dos novelas de terror.
sábado, 28 de mayo de 2011
Historia de Papel

viernes, 13 de mayo de 2011
Futuros escritores...
Me parece que pasaron mil años desde aquella mañana en la que me entregaron el “paquete” con las cartas de mi zona, ordenadas por calles y por altura. Yo era nuevo, así que tuve que manejarme con una especie de plano que había dibujado con lápiz la noche anterior. No voy a negar que estaba un poco nervioso, me sudaban las palmas de las manos de sólo pensar que podía equivocar de puerta o de destinatario. O, peor todavía, que me iba a perder en el laberinto de calles que es Buenos Aires.
Nunca me perdí. Al contrario, orientaba a los despistados que querían saber dónde quedaba Bogotá, la calle que siembre confundían con Bacacay, la de al lado, o buscaban Fray Luis Beltrán, una cortada de tres cuadras que atraviesa las vías del tren.
Al cabo de un tiempo no sólo conocía todos los vericuetos del barrio de Flores, sino también todas sus historias. Historias de buenos y malos vecinos, se entiende.
A mi nariz le gustaba el barrio, el aroma del pan recién horneado bien temprano, en la esquina donde estaba la panadería “La Preferida” justo cuando empezaba mi recorrido, el aroma de los tilos que en primavera perfumaban el aire y hasta el olor a pis de gato que salía el vaharadas de las casitas estilo inglés, donde en general había gente vieja y helechos gigantes que crecían al amparo de la humedad de los pinos.
En esas casas tenía que ser paciente, las dueñas salían refunfuñando envueltas en rotosos saltos de cama y en chancletas, entre gatos que maullaban y saltaban alrededor de ellas. Paciencia a mí me sobraba y curiosidad también; solía quedarme parado en la vereda cuando alguien recibía una carta muy esperada. Se notaba enseguida, la abrían delante de mí y la empezaban a leer; por la expresión de la cara yo podía saber si eran buenas noticias o si el destinatario necesitaba consuelo.
Tenía lo que se dice vocación para el oficio. Habría seguido siendo cartero toda la vida si no hubiera perdido el habla.
Desde entonces escribo. Pero es la primera vez que escribo esta historia. Una historia que nadie va a creer pero que es la causa de todos mis males. Aunque en el lugar que estoy ahora me tratan muy bien. No me quejo.
Como decía, conocía bien el barrio. Cada casa, cada puerta. Me enteraba de los cambios, antes que nadie. Nacimientos, muertes, mudanzas.
Me intrigaban las casas abandonadas, con puertas que un día se cerraron y que no abría nadie. A una de esas cartas llegó una carta. Yo sabía que el dueño, un hombre solo y huraño, había partido de viaje y había muerto lejos.
La casa estaba en juicio de sucesión. De esos que duran años. Era una casa grande y gris, con molduras de cemento y rejas de hierro forjado en las ventanas. Tenía pintura descascarada y una rajadura que le cruzaba el frente en la parte alta. Por la rajadura asomaba un arbusto retorcido y raquítico que crecía con la mitad de las raíces al aire.
Sentía algo raro, un toque de zozobra, cuando me acercaba a ese lugar; tanto que prefería cruzar la calle y pasar por la vereda de enfrente. Se imaginan qué extraño me resultó ese sobre con la dirección de la casa (que no consigno aquí por discreción). Lo miré del derecho y del revés, lo miré al trasluz para ver si se trataba de algún folleto de propaganda. Pero era una carta, dirigida al que había sido dueño de la casa. A veces pasa que una carta llega tiempo después de la muerte de una persona.
No era asunto mío, así que con cierta prevención toqué el timbre casi sabiendo que no funcionaría. Efectivamente no escuché el sonido del timbre. Pero sí el ladrido del perro. Fue tan sorpresivo que se me cayó la carta de las manos y tuve que agacharme a recogerla. El perro seguía ladrando y yo toqué el timbre otra vez tomando un poco de distancia como si fuera a abrirse la puerta de golpe y una bestia negra y peluda pudiera saltar sobre mí.
El ladrido del perro se cortó en seco y la manija de la puerta giró lentamente. Quizá fue con un chirrido como las películas de terror, de eso no me acuerdo, pero sí sé que se abrió muy despacio y que a medida que se abría me llegaba un aire frío que venía de adentro. La puerta quedó apenas entreabierta y pude ver que una cadena de seguridad la trababa, pero nada más. Juro que no vi nada más. Me quedé esperando un momento y el perro volvió a ladrar otra vez con un ladrido mecánico, ahora lo oía mejor. Pensé que tapaba la voz de quien estaba esperando; entonces dije lo más alto y firme que pude:
- ¡Cartero!
Nadie me contestó. Yo tendí la carta, le ofrecí al aire frío que venía desde adentro y… algo me la arrancó. Fue un tirón seco y decidido. Después la puerta se cerró suavemente otra vez.
Me quedé con el pecho latiendo desacompasado y la boca seca.
Imaginé muchas cosas. Pensé que podía tratarse de un ladrón o de un usurpador. O que algún pariente que tenía la llave había entrado a buscar algo que podía interesarle. Pero en fin, pasada la primera impresión sentí que había hecho lo que debía: entregar la carta en su lugar de destino.
Días más tarde, cuando ya había olvidado el episodio, llegó otra carta.
Era el mismo sobre blanco, escrito con letra complicada, pero calle y número estaban claros.
De nuevo la casa gris.
Ahora no me sorprendía; pensé que alguien podía estar allí para recibirla. Toqué el timbre que no funcionaba y el perro otra vez. Me pareció que la planta de la pared había crecido y que se movía exageradamente con la vibración de los ladridos. Pero era sólo una impresión. Con la esperanza que esta vez no hubiera nadie para recibir la correspondencia toqué el timbre de nuevo y me sobresalté porque casi al mismo tiempo la puerta se abrió suavemente dejando sólo el espacio que permitía la cadena. Estiré la mano, que temblaba un poco, y empecé a sentir en la cara el aire frío que venía de adentro, cuando algo me “chupó” la carta. Salí corriendo. El sonido ronco y mecánico del perro ladrando me siguió hasta la esquina.
Un buen cartero no tiene que imaginar nada.
Cada casa tiene sus misterios y no hay que meterse. Una de las reglas del buen cartero es ser cortés y discreto, me lo sabía de memoria. Pero el perro y la puerta empezaron a quitarme el sueño.
Llegaron muchas cartas, una por semana, y si bien la situación se repetía me parecía cada vez más rara. El ladrido me erizaba, las ramas de la planta habían crecido tanto que me tocaban la cabeza cuando me paraba frente a esa puerta y ni hablar del aire helado que me arrancaba las cosas de las manos. En eso estaba, sin atreverme a contarle nada a mis compañeros, cuando llegó una carta más. Vi con angustia que la dirección era la de siempre, y al mismo tiempo comprobé que pese a la impresión que la casa gris me causaba, la semana se había hecho larga esperando tener la ocasión de tocar el timbre una vez más.
No hizo falta. La puerta estaba abierta. Apenas abierta. Lo suficiente para que casi sin darme cuenta me encontrara adentro. No había ningún perro. Me envolvió una corriente de aire helado y húmedo, y un silencio casi absoluto. Por las hendijas de las ventanas y por la puerta pasaba algo de luz. Pude ver la silueta de los muebles, un piano de cola cerrado y polvoriento, sobre el piano, retratos. Chicos en la playa, en grupo. Una pareja en el día de su casamiento. Y la foto del hombre con su perro, un ovejero alemán.
Caminé hacia una ancha y oscura escalera que llevaba a la planta alta y comencé a subir, no me pregunté por qué. Quizá la misma fuerza que me sacaba las cartas de la mano me obligaba a avanzar. Lo primero que vi arriba fueron los sobres, sólo los sobres, apilados y sin abrir.
“¿Para qué los habrán recibido entonces?”, me pregunté, cuando me distrajo una chimenea encendida. El fuego tenía un brillo exagerado pero las llamas apenas se movían y no daban calor. Todavía me faltaba entregar una carta. Hice entonces lo que un cartero jamás debe permitirse; sin pensarlo abrí el sobre con los dedos agarrotados y a la luz de ese fuego comencé a leer. Pero es lo último que recuerdo.
Me desperté en la cama de un hospital, en una sala especial para enfermos mentales. Me enteré de lo que pasó a través del diario que mis compañeros del correo me alcanzaron para que viera que me nombraban. Yo no podía hablar pero no estaba tan confuso como ellos creían cuando todavía venían a visitarme.
En un pequeño recuadro dentro de la sección “policiales” del diario decía que el incendio había destruido gran parte de una casa deshabitada del barrio de Flores. Los bomberos en su acción de rescate habían salvado la vida a un hombre que se encontraba en la planta alta. El mismo había sido identificado más tarde como Agustín Iniesta, el cartero de la zona que había ingresado por razones aún desconocidas a la vivienda. Y seguía diciendo, escrito así, en pocas líneas, pero con mi nombre: Iniesta fue internado con principio de asfixia y bajo estado de shock; una vez ingresado al nosocomio recobró el sentido pero habría perdido la facultad de hablar; este hecho y la evidente confusión mental en que se hallaba le impidieron explicar lo sucedido.
Todavía guardo el recorte entre mis cosas. En realidad lo único que no me permiten guardar es fósforos. Debe ser por el incendio.
Pasó mucho tiempo, encanecí prematuramente y no recuperé el habla. Pero poco a poco fui recordando todo lo que les cuento ahora.
Como ustedes pueden ver, no estoy loco como dicen, solo que, por esas cosas de la vida, me tocó a mí entregar esas cartas a un fantasma.
El fantasma con su perro es el único que viene a visitarme.
Era verano y hacía mucho calor, Abel se sentó entonces debajo de un ciruelo y se puso a escuchar los gritos de los niños y comiendo una ciruela se puso a pensar que le hubiera gustado tener una pileta para tirarse de cabeza y refrescarse y nadar con sus amigos, sabía que su abuelo era muy humilde y no podía comprarle una pileta.Después de unos días encontró una piedra que le pareció linda, la tomó y la guardó en el bolsillo del pantalón que le había regalado un amigo de su abuelo.
Llegó a su casa, abrió la heledera y quedaba un vasito de leche, se lo tomó y fue a sentarse debajo del ciruelo, pasado un rato y saboreando una deliciosa ciruela que a madura había caído al suelo, pensó en la piedra que había encontrado, entonces la sacó de su bolsillo y la empezó a mirar… sintió entonces, que la piedra… ¡no era una piedra!, no era una piedra así nomás como las que tenía en patio o encontraba en la plaza… era diferente, era verde opaco, azul, roja y tenía algunas pintitas amarillas… entonces, e ir se encontró pensando otra vez en la pileta que tanto ansiaba y en tener un chocolate e ir a la Torre Eiffel que tanto veces la había visto en un libro de la biblioteca.
Aunque su mayor deseo era estar con toda su familia en una linda y hermosa casa como la que tenía frente a sus ojos; y disfrutar también de un rico asado.
de repente vio en su patio una linda pileta con flotadores y con una agua clarísima entonces se sacó la remera, las ojotas y cuando estaban a punto de tirarse de cabeza a la pileta algo rápido, blando y con un rico aroma se le metió en el bolsillo, para su sorpresa sacó un chocolate con ricas almendras.
Estaba por tirarse a la pileta, de repente ante sus asombrados ojos apreció la Torre Eiffel con un chico al lado que le hablaba en francés; le costó entender pero se dio cuenta que le estaba pidiendo la campera y la bufanda porque ella estaba abrigada demás y había comenzado a nevar.
Él nunca había visto la nieve y muy feliz jugó y terminó comiendo un pedacito del rico chocolate.Por un momento le vino a la cabeza la pregunta ¿será la piedra la que está haciendo que mis deseos se cumplan?, no había terminado de pensar cuando su humilde morada se convirtió en una casa de dos pisos con un cuarto de juegos y otro con libros y con la última tecnología.
Y para su sorpresa, escuchó que su mamá lo llamaba desde el patio a comer, entonces se
encontró con su hermanita sentado bajo el viejo ciruelo de su casa, y a su papá y a su abuelo sacando ya el asado de la parrilla. Su mamá y su abuela estaban haciendo una rica ensalada.Entonces, sin pensarlo, metió su mano en el bolsillo, sacó la piedra y se la dio a su amigo francés mientras el corría para estar junto a su familia. Ya no necesitaba nada más para ser feliz.
Iside Etchegoyen 6to. A
La bruja malvada
Más precisamente en un campamento que había al lado de un lago donde vivían dos niños llamados Amanda y Javier.
Ellos estaban jugando tranquilamente cuando sin darse cuenta, la bruja agarró una bolsa y atrapó a Amanda. Luego la ató a un palo y le dijo que le diera el collar de diamantes. La niña le dijo que sin él ella perdería la vida… pero la bruja malvada, se lo arrancó de un tirón. Y de un salto llegó hasta Javier, lo tomó y lo ató frente a una olla de agua hirviendo.Para esto, Amanda con las pocas fuerzas que le quedaban y la
ayuda de unas ardillas que le cortaron la soga, logró empujar a la fea y malvada bruja dentro del agua. Mientras desataba a su hermano dos pajaritos con una ramita lograron sacar el collar del caldero y lo pusieron en el cuello de Amanda quien recobró instantáneamente toda su vitalidad.Toda la gente de la zona festejó la desaparición de la bruja.
Milagros Velásquez, Brisa Moyano 6º A
El oso pescador
Había una vez un oso que decidió ir de pesca.Es así que tomó la caña de pescar, un sombrero, comida y un pantalón liadísimo. Después de todos los preparativos se subió su auto rojo y se dirigió a la laguna.
Pasaron dos horas, ningún pececito picaba el anzuelo. Empezó a tener hambre, por suerte se había venido preparado y se comió un apetitoso sándwich.
Muy tranquilo siguió pescando, cuando de repente se le apareció una canario que le preguntó si había pescado algo.
¡No! ¡No!, contestó el oso impacientándose ya un poco.
Entonces el canario, que era un experto pescador, le dijo que pusiera la caña más al medio.
En un rato empezaron a aparecer truchas que nadaban frente a sus ojos. Hizo un ratito de silencio y la caña comenzó a moverse de un lado hacia otro, con toda su fuerza comenzó a enrollar y sacó una trucha.
¡Gracias canario por el consejo!, de ahora en más a esta laguna la llamaré “La laguna del canario pescador”.
Kevin Douat 6º C
El bombero
¡Hola, soy Martín!, mi profesión es bombero.
Algunas veces he estado muy pero muy cerca del fuego.
Es normal que los bomberos estén de guardia, y precisamente ayer cuando lo estaba, se produjo un incendio en un campo.
Una vez en el lugar, junto a otros bomberos comenzamos a atacar el fuego, de pronto, una explosión. Había explotado un tanque de gas matando a uno de los empleados del tanque.Después de mucho tiempo sigo yendo a ese campo, y sin pensar veo como los pastos se mueven de un lado a otro y como las llaman se devoran todo. Y además detrás de ellas se veía a un hombre, a ese hombre que aquella vez había fallecido, entonces pienso que es su fantasma…
Nehuén Fraga 6to C
miércoles, 8 de septiembre de 2010
De brujitas y hechizos...
Poner un poco de queso podrido,
Agregar una cola de ratón,
Y tres cucharitas de sudor,
Cocinar toda la mezcla con olor a podrido
Y así se hará un pie grande y divertido.
Iside Etchegoyen
Poner sobre el sapo pedacitos de cartulina verde
Agregar con paciencia esencia de sapo,
y salpicar con saliva de vaca.
Poner lo ingredientes en una olla y al fuego,
Revolver, dejar enfriar y un príncipe tendrás.
Yanella Federico
Usar cartulina verde,
Y tres pétalos de rosa agregar,
Desarmar una hoja seca y
con dos mantas tapar.
Mezclar con palitos
Hasta que de color el humo saldrá.
Y después de un rato,
El príncipe ante tus ojos estará.
Lucía Gutiérrez.

sábado, 3 de julio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
¡VAMOS ARGENTINA!
Los alumnos de toda la escuela junto a las docentes aprovechan este evento para investigar, conocer y estudiar otros países, sus historias, sus culturas...





Los alumnos visitaron la Biblioteca Escolar para apreciar en la compu imágenes de Sudáfrica, conocer las mascotas de los mundiales (por medio de un power creado en la biblio), y escuchar y ver los videos de las dos canciones de este mundial.
Se viene el Día del Libro

¡Cuidemos el medio ambiente!
Elegimos de la Biblioteca Escolar el cuento: "Señora muy trabajadora, se busca".
Los alumnos llegaron a la conclusión de que resulta muy importante para todos mantener limpia, la escuela, los hogares, los lugares públicos, y que debemos ser muy cuidadosos con la basura y los residuos que tiramos.

Y quedó pendiente para otra clase la construción de cestos de basura para colocar en distintos lugares de la escuela.
Estos hermosos dibujos hicieron los chicos ese día.
jueves, 29 de abril de 2010
Nos visita 1er. año
Fue un gusto haberlos recibido y ver que muchos de ellos, ya son lectores, aún sin saber leer.
Todo para ellos es interesante, les asombra tener en sus manos un globo terráqueo, exclaman al ver un libro de dinosaurios, otro no quiere un libro en inglés (imprenta minúscula), ojalá continuen la senda de los buenos lectores, está en nosotros, los adultos, incentivarlos para que ello suceda.
Además este día se llevaron su primer carnet de lector de la biblioteca escolar.
Como regalo por su visita se llevaron un señalador de con la mascota de la biblioteca "El gusanito lector"
jueves, 22 de abril de 2010
Don Quijote de La Mancha
Fue cuando vieron un montón de ovejas y pensaron que era una cama; éstas al ver el pasto verde se pusieron a comer. Don Quijote y Sancho se tropezaron con una piedrita, se cayeron arriba y se quedaron dormidos.

Don Quijote y Sancho Panza vieron algo amarillo a lo lejos y Don Quijote pensó que era una estrella, pero Sancho decidió investigar.
Pasaron días y noches recorriendo el lugar, pero cada vez estaba más lejos.
Los torpes no se dieron cuenta que iban al lado de una laguna.
Después de mucho andar Sancho se dio cuenta y pensó que eso podía ser un pez.
Se metieron entonces al agua. Después de horas de nadar encontraron a la nueva raza de tiburones amarillos, por suerte Don Quijote traía lanzas, lucharon mucho con el tiburón que finalmente se escapó. Siguieron nadando y nadando hasta que encontraron otro, mucho más grande, cuando el tiburón se distrajo lo cazaron.
Y otra vez tardaron días y noches en volver.
Ellos pensaron que les iba a durar un mes o hasta un año para comer por lo gigante que era, pero no fue así porque tenían tanto hambre que sólo le duró un día.
Como seguían teniendo hambre, fueron en busca de otro a cazar otro, pero esta vez Don Quijote había llevado espadas, sólo que en ese lugar ya no había más tiburones, sino que encontraron peces espadas violetas.
La lucha esta vez fue mayor, tuvieron más heridas, aunque cazarlos fue más rápido.
Volvieron a su casa con mucho hambre, pero por suerte este pez era mucho más grande por lo que tuvieron comida para mucho tiempo.
¡Y fueron tantos días de comer pescado que se cansaron y decidieron cambiar de menú!
Melani, Caterina, Trinidad y Juan Ignacio.
Don quijote los enfrentó con armas y Sancho Panza , su fiel compañero, le dijo que no les hiciera frente porque podían llegar a matarlo.
Don Quijote juntó valor y los enfrentó porque era muy porfiado.
Juan Martín
Sancho Panza que siemprellevaba un botiquín de primeros auxilios los salvó.
Agustín y Ornella
Don Quijote y Sancho Panza recorrieron todo el mundo en un avión.En unos de los tantos viajes que realizaron enfrentaron una bandada de halcones, pero pensaron que eran aviones de la guerra que los atacaban a ellos.
Sin embargo lograron escapar y cuando lo hicieron no pudieron controlar el avión y se cayeron al agua.
Lograron salir rápido de las profundidades del océano.
Estuvieron a poco de ahogarse pero Don Quijote siempre prevenido llevaba un bote dentro del avión.
Pasaron días hasta que por fin encontraron la orilla y pudieron volver a su casa.
martes, 20 de abril de 2010
¡Qué escritores!
miércoles, 3 de marzo de 2010
La biblioteca escolar visita el aula
Se detuvieron en la página 38 y entre todos y con la participación de la bibliotecaria leyeron en voz alta el cuento...

¿Existen los duendes? (Raquel M. Barthe)
Después escribieron cómo sería "su duende amigo"...
Mi duende amigo se llama Carito, tiene las orejas paradas y una sonrisa muy larga. Su nariz es mediana, sus ojitos de pimpollo y su gorrito de color rojo lo hace un duendecito muy simpático.
Yanella.

Mi duende amigo es muy bueno y bajito, se llama Confite.
Todos los días Confite me acompaña a la escuela.
Benjamín.
Mi duende es lindo y se llama Confite y es suave y tranquilo.
Milagros
Mi duende amigo es bueno, tiene ojos verdes, orejas largas puntiagudas y nariz fina, se llama Juancito.
Nahuel
Mi duende amigo es simpático con orejas grandes y largas y es muy divertido y usa un gran sombrero.
Sol
Mi duende es simpático, bueno y lindo.
Juan Martín
Mi duende amigo se llama Juancito y es haragán y travieso.
Nicolas Hauret
A mi amigo el duende le gusta dormir mucho, ¡es muy dormilón!. En su carita siempre se le nota el cansancio y también es muy perezoso.
Agustina
Y para vos... ¿existen los duendes?














¡¡FELICITACIONES A TODOS LOS PARTICIPANTES!!



